Una Aventura Inesperada

 

Hay todo tipo de gente en esta vida. Están los que madrugan un domingo para hacer ejercicio y así aprovechar el resto del día, los que duermen todo el día intentando recuperar energías de la noche anterior, o también los que se despiertan sin saber qué va a pasar y solo se dejan llevar por las oportunidades que se presentan; entre otros. En este caso, yo iba a ser la que descansaría la mañana entera y vería películas las siguientes horas. Pero gracias a una llamada, fui la que terminó lanzándose a la aventura.


Era el último domingo de febrero cuando me preparaba para recostarme en la cama el día entero y ver todas las series posibles en Netflix después de desayunar un delicioso ceviche. Sin embargo, una llamada inusual de mi mejor amigo (porque normalmente sus llamadas mañaneras en domingo eran para conversar de los sucesos de la noche previa) despertó mis energías tras invitarme a visitar unas cascadas ubicadas entre las parroquias Nanegalito y Calacalí al norte de Quito. Aprovechando un proyecto de fotografía que Martín debía realizar para una clase, esta vez haríamos algo más emocionante y productivo.

 

 

Por lo tanto, me preparé rápidamente con el afán de seguir con mis planes de tener más aventuras fotográficas. Tomé mi cámara, Martín pasó por mí, y en el camino recogimos a dos amigas más. Sin más demora, nos dirigimos a nuestro destino. Ya que el día estaba soleado, nos sentíamos con muchos ánimos de recorrer la ruta hasta la cascada final y ver qué tan buenas tomas sacábamos en el trayecto. Una vez que llegamos, empezamos a adentrarnos en la montaña donde nos encontramos con varias cascadas que se prestaban para ser capturadas. Caminos peculiares con ángulos atractivos, escaleras adornadas naturalmente por las hojas que caían de los árboles, y otras escenas interesantes también fueron protagonistas en mis fotografías.

 

 

Cabe recalcar que hay ocasiones en las que suelo quedarme mucho más atrás de los demás cuando salgo a fotografiar. El motivo es que me gusta recorrer cada rincón del lugar, darme mi tiempo para enfocar y regular la cámara, analizar los detalles que me rodean, e incluso ver si algo podría resultar buen material para congelarlo en imagen. Por otro lado, hay veces donde me gusta ir primera para así poder capturar lo que tengo en frente sin que nadie pueda interrumpir el paisaje que enfoca mi lente. Aún así, muchas veces es inevitable que alguien aparezca en el cuadro, especialmente si hay muchas personas en el lugar. De cualquier modo, el tener gente en frente me parece una oportunidad que puedo aprovechar en ciertos momentos para darle más vida y movimiento a la fotografía. A fin de cuentas, pienso que somos las personas quienes le damos identidad y significado a las cosas y a los lugares que visitamos. En fin, en esta ocasión fui la que se quedaba atrás explorando cada metro cuadrado que podía, viendo detenidamente los detalles a mi alrededor, analizando las texturas, y admirando los senderos que se presentaban a medida que avanzaba.

 

 

Ahora bien, cuando terminamos de pasear por todo el lugar y llegamos a la cascada final, me tomé el tiempo para hacer algunas tomas mientras los demás esperaban sentados a que terminara. En vista de que había un tronco que me resultó incluso más llamativo que la misma cascada, lo tomé en primer plano dejando el atractivo principal de secundario. A propósito, es curioso cómo las pequeñas cosas, o las que parecen menos importantes a simple vista, a veces son lo que más destaco en mis imágenes, ya que suelo verlas desde ciertos ángulos por donde me resultan interesantes cuando a otras personas les parecen un tanto irrelevantes. Eso es lo que más me gusta de la fotografía, el hecho de que todos vemos la vida desde diferentes puntos y perspectivas sin importar que tengamos los mismos elementos en frente. Sin embargo, lo increíble de ello es que cada uno observa y analiza las cosas desde un enfoque distinto, realizando tomas únicas del mismo escenario.

 

 

Finalmente terminamos nuestra travesía y regresamos por el mismo camino al punto de partida. Nos encontrábamos hambrientos y empezaba a lloviznar. A pesar de que todos decidieron resguardarse dentro del auto, yo era más feliz refrescándome en el exterior. Una vez listos, partimos de regreso. Pero antes de dirigirnos a nuestros hogares hicimos una parada técnica en la Mitad del Mundo para disfrutar de unos deliciosos platos típicos y un rico helado de postre. Al terminar, decidimos caminar un poco; y cuando cayó el atardecer, nos dimos cuenta lo rápido que había pasado el tiempo. Entonces empezamos con el retorno a nuestras casas acompañados de un lindo paisaje y buena música, de la cual cabe destacar mi pista favorita de aquel paseo que fue I'm Gonna Be (500 miles) de The Proclaimers (los fans de How I Met Your Mother sabrán lo mucho que disfrutamos el viaje con aquella canción). Así concluyó este gran día tan inesperado.

 

 

"La fotografía es el arte de la observación. Se trata de encontrar algo interesante en un lugar ordinario. Tiene poco que ver con las cosas que ves y mucho con cómo las ves.” - Elliott Erwitt

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Antonella Suasnavas Morales © 2017. Todos los derechos reservados.