Reencuentro En Las Alturas

 

Probablemente tienen amigos del colegio, de la escuela, o de la vida con los que no se ven mucho, pero hacia los cuales tienen un montón de cariño y aprecio. Me atrevo a decir que todos tenemos amistades lindas con las cuales no importa el tiempo que pasemos sin vernos, cuando lo hacemos nuevamente, es como si no hubiera pasado un solo día. Para mí, eso es lo que las hace tan especiales.

 

Faltaba poco para que se acabara febrero; cuando un día aprovechando mis ganas por salir de la casa a fotografiar, quedé en verme el fin de semana con Vale, quién siempre será mi mejor amiga del colegio, para actualizar nuestras vidas. A poco tiempo de llegar el día conversaba con otro gran amigo del colegio con quién también queríamos vernos para hablar, Mateo, que siempre me ha apoyado en mis iniciativas, y aún más con la idea de retomar la fotografía. Por tanto, se me ocurrió que sería una gran idea juntar planes y salir los tres, ya que todos congeniamos muy bien.

 

 

A todo esto, les comenté mis ganas por volver a una cafetería que queda cerca a la entrada del Parque Itchimbía, en la cima de una colina cerca del centro histórico de la ciudad, que en mi opinión, tiene una de las vistas más bonitas de Quito, Café Mosaico. Desde este lugar me resulta fascinante ver todos los edificios del centro mezclados unos con otros contrastando con las grandes montañas de fondo mientras la calidez del sol crea el ambiente perfecto para pasar un buen rato, y por supuesto, en una de las colinas resalta la Virgen de El Panecillo luciendo su figura. Desde allí se puede observar una vista panorámica increíble que solo puede mejorar con una grata compañía, y ¿por qué no? con un rico chocolate caliente y una empanada de viento. Este fue el escenario perfecto para reunir a tres amigos que hace rato no pasaban el tiempo juntos.

 

    

El atardecer empezó a caer, y como si fuera la primera vez que me encontraba en aquel lugar, obserbava impresionada y llena de paz la vista que tenía frente a mí mientras volvía a maniobrar mi cámara. En tanto regulaba el ISO, la velocidad de obturación, y la apertura para intentar capturar el momento, me di cuenta que hace rato no lo había hecho, y en efecto, al ver los resultados supe definitivamente que debía volver a la práctica si quería sacar mejores fotos la próxima vez. A pesar de todo, nada se comparaba con la felicidad que teníamos en aquel momento al contemplar detenidamente los detalles, las fachadas de los edificios, la iluminación y las sombras creadas por los rayos del sol, y nada más dejándonos envolver por aquel bello atardecer.

 

 

Poco antes de que oscureciera terminamos los exquisitos chocolates que ordenamos al llegar, los cuales venían acompañados con pedazos de queso que se derretían en la boca por lo calientes que estaban. Una vez listos, volvimos al auto prometiendo regresar nuevamente cuando la luna salga y las luces de las calles se iluminen. Y aunque solamente fue una salida y no un gran viaje fuera de la ciudad, lo mejor de todo fue que encontré a mis primeros compañeros de aventuras con quienes ya tenemos una larga lista de lugares por recorrer. <3

 

II PARTE      

 

 

Empezó abril, el mes donde siempre llueve; o eso dicen. Sin embargo, nos ha sorprendido con días buenos, lluvias cortas, y cielos despejados. Aprovechando el clima, o de hecho, sin importarnos, Vale y yo decidimos hacer una salida improvisada de chicas para conversar de corazón a corazón, ya que siempre viene bien hablar con alguien de confianza sobre lo que está pasando en tu vida. Si bien al inicio queríamos conocer un lugar diferente (parte de lo que está en nuestra lista), en el camino decidimos volver a este mágico lugar para disfrutar la majestuosa vista que se presta desde allí, esta vez llegando más tarde y quitándonos así las ganas de ver la noche caer y las luces encenderse.

 

 

A propósito, cabe destacar que Café Mosaico es un lugar pet friendly, el cual alberga perritos callejeros muy amorosos que pasean por dentro de la cafetería e incluso tienen camitas para algunos de ellos. Asimismo, a la salida, justo al lado de la parte que utilizan para las presentaciones de música en vivo, cuentan con un pizarrón que informa a los clientes cuáles están en adopción, e incluso cuelgan en una pared fotografías de casos de éxito. Por ello, si algún rato buscan un compañero de cuatro patas al que dar amor (gatos también), pueden visitar este increíble lugar para informarse sobre el tema de adopción, o en todo caso, cómo ayudar. Así, de paso aprovechan la oportunidad para disfrutar de sus servicios y el inigualable panorama que tienen para ofrecer.

 

 

Ahora, en cuanto a nuestro encuentro, al llegar subimos al segundo piso donde volvimos a sentarnos en la terraza con plena visibilidad del horizonte que nos brindaba una tarde totalmente despejada con nubes impresionantes que adornaban el cielo de forma especial. Mientras entablamos conversación y nos preparaban unos chocolates calientes, para no perder la costumbre, Vale y yo mirábamos la asombrosa vista a la cual fotografié nuevamente con mayor precisión esta vez.

 

  

A medida que el atardecer caía, se podía apreciar un cielo que combinaba sus colores con tonos magentas, los cuales volvían aún más especial aquel instante. Sin interrumpir la conversación y mientras ahondábamos juntas los temas que se dieron en esta ocasión, disfrutamos de tan linda caída del sol mientras lentamente las luces de la ciudad empezaban a prenderse en tanto el cielo se oscurecía cada vez más. Poco a poco llegó la noche, y con ella, un centro histórico totalmente iluminado que resaltaba las cúpulas de sus iglesias con aún más luz que el resto de edificaciones, por lo que aproveché para sacar algunas buenas tomas.

 

 

Al finalizar la noche dejamos atrás los temas actuales ya con una visión más amplia de las cosas, y empezamos a recordar los viejos tiempos mientras nos arrimamos en la baranda que nos separaba de la encantadora escena que teníamos frente a nosotras. Riendo, revivimos momentos del pasado de cuando éramos inseparables, en los que compartimos memorias inolvidables. A pesar del tiempo, es bueno saber que quién fue incondicional una vez, lo será siempre. Así pues, volvimos serenas y felices al auto mientras recordamos la canción que marcó una de las mejores noches que vivimos en nuestro último año de colegio, pero que nos la guardaremos solo para nosotras. ¡Que vivan las amistades eternas y los recuerdos felices!

 

 

"Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida" - Chavela Vargas

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Antonella Suasnavas Morales © 2017. Todos los derechos reservados.